Freddie Mercury: la música, la fama, la persona y la soledad (según sus propias palabras) / Víctor H. Palacios Cruz
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Farrokh Bulsara (1946-1991), como todos saben, fue Freddie Mercury, una de las voces y uno de
los artistas de la música popular más impresionantes, queridos y famosos del siglo
XX. Pero la verdad es que no siempre quiso serlo. Al menos, no siempre a toda hora.
El suyo es otro ejemplo tan hipnótico como esclarecedor de esa insoportable contradicción
que a menudo se produce entre el brillo de lo superior y el barro común de la
vida mortal, cuando ambas cosas se juntan en la misma persona. Su caso es, efectivamente,
el de la intensidad del talento colisionando con la bendita normalidad a la que,
en el fondo, siempre aspira cualquier corazón, allí donde a la felicidad ya no
la estorban las intromisiones del éxito.
Presento una selección de mis subrayados del libro que permite el
acceso más veraz a la conciencia que tuvo él mismo de su trayectoria musical y biográfica,
y que posee el inmejorable respaldo de basarse en la propia palabra del cantante
de la banda de rock Queen. Freddie
Mercury. Su vida contada por él mismo (2006) es una compilación de declaraciones brindadas a los medios a lo largo de casi toda su carrera. Por desgracia, la edición en castellano no menciona fecha ni origen de las citas. Lo que no impide que la lectura abra amplias
ventanas por las que asomarse a todos los temas que saltan cuando escrutamos la
existencia humana a través de la excepcionalidad del estrellato: el proceso de
la creación artística, las consecuencias de la fama, el conflicto entre lo
privado y lo público, los límites de la influencia, etc. Dicho lo cual, si hay
tres virtudes personales en F. Mercury que salen de su boca de un modo tan inesperado como convincente, ellas son en definitiva la honestidad, la modestia y la
lucidez, que prevalecen por encima de las vueltas del camino, los excesos de
la conducta y las distorsiones del privilegio.
El arte de la música
Ahora parece que los vídeos son más
importantes que la radio. Es el lado negativo de la MTV. (…) existe el peligro
de que el comprador se lleve una idea equivocada. Antes, cuando escuchabas un
tema musical, normalmente tenías que imaginarte tu propia película, pero desde el
momento en que haces un vídeo, la gente dice: “Oh, Dios mío, así es cómo quiere presentarnos la
canción”. Y eso realmente limita la imaginación.
(p. 117-118)
Arte y negocios
No puedes ir por ahí diciendo: “¡Qué
músico más estupendo que soy!, ¡qué canción más increíble que compuse anoche!” Has
de asegurarte de que te descubran. Parte del talento consiste en averiguar de
que tu música llega a la gente. No puedes limitarte a ser un músico maravilloso
y un compositor excepcional, ya existen a patadas. Aprende a presionarte a
ti mismo, has de estar en el lugar y en el momento adecuados y aprender a
moverte en este negocio ya desde el principio.
(p. 22)
El talento no es solo hacer buenas
canciones e interpretarlas, es tener un cerebro para los negocios, porque en
buena parte se trata de eso: difundir tu música debidamente y sacar un provecho
de ella. (…) Y, por supuesto, has de rodearte de gente clave para que se ocupe
de todas esas cosas, pero también has de implicarte personalmente.
(p. 23)
Queen y la gestión de un grupo de músicos
Queen es un grupo musical, no una
familia. (...) Roger, Brian, John y yo componemos todo por separado y nos
peleamos para poder meter tantas canciones propias en cada álbum como sea
posible. Hay un forcejeo, una avidez, una lucha constante…, lo cual es muy
saludable. Lo sacamos todo y al final es muy democrático. (…)
Cuando se acaba el trabajo, hago mi
vida y ellos la suya. A veces me paso meses y meses sin hablar con ellos, y
luego salimos de gira y seguimos teniendo esa química. Es la música lo que nos
hace permanecer juntos, y ya hemos aprendido a aceptarnos unos a otros de
manera instintiva. Sabemos que si estamos juntos todo el tiempo acabamos de los
nervios.
(p. 24)
Yo no soy el líder de la banda, por cierto. Todo el mundo dice que soy el líder de Queen, pero solo soy el cantante principal. No soy ningún capitán ni nada de eso. Somos cuatro personas iguales. Todos queríamos ser estrellas del pop, pero el grupo es lo primero. Sin los demás yo no sería nada.
(p. 25)
Exigencia y excelencia profesional
Solemos trabajar bien cuando estamos
bajo presión. Trabajaremos hasta que nos fallen las piernas. Cantaré hasta
destrozarme las cuerdas vocales. Somos muy exigentes y quisquillosos y
aspiramos a tener un buen nivel. Si una canción no la podemos hacer como es
debido, preferimos no hacerla en absoluto. Somos la banda más quisquillosa del
mundo y ponemos toda nuestra pasión en cada disco.
(p. 32)
El estilo de Queen: música de espectáculo y teatro
Al final sabemos que las canciones
hablan por sí mismas, y si tuvieras una canción de mierda no sonaría mejor
simplemente porque lleves una ropa maravillosa. Siempre he pensado: “¡Dios mío!
No te tomes tan en serio”. Y la mejor manera para hacerlo es poniéndote ropa
ridícula. (…) Por lo que a nosotros respecta, ofrecemos un espectáculo, y no
nos limitamos a interpretar un disco.
(p. 38)
Sabíamos que si hacíamos armonías
vocales nos compararían con los Beach Boys, y si hacíamos algo heavy sonaríamos
como Led Zepellin. En cambio, siempre nos ha gustado confundir a la gente y
demostrar que realmente no nos parecemos a nadie. Quizá tengamos más en
común con Liza Minelli que con Led Zepellin. Seguimos más la tradición del mundo
del espectáculo que la del rock’n’roll.
(p. 46)
“Bohemian Rhapsody”
En realidad no tengo ni idea de ópera,
solo conozco algunas piezas. (Con esta canción) no intentaba decir que se
trataba de una ópera auténtica (…) No estaba diciendo que fuese un fanático de
la ópera y que lo supiera todo de ello, solo quería meter algo de ópera en un
contexto de rock’n’roll. ¿Por qué no? Se trataba de ir tan lejos como me
permitieron los límites de mi capacidad.
(…) se hizo en tres secciones
diferentes que al final se juntaron. (…) La parte operística del medio fue la
parte más exigente, ya que queríamos recrear una sección con grandes armonías
operísticas solo entre nosotros tres, cantando Brian, Roger y yo mismo. Eso
implica el uso de muchas pistas y demás trucos. Creo que entre los tres creamos
un efecto coral de entre 160 y 200 voces. Había una parte en la que teníamos
que cantar “¡No, no, no!”, ese tipo de frase ascendente, en la que simplemente
nos sentamos allí cantando “¡No, no, no, no, no, no, no!” como unas 150 veces.
(…)
Fue la época de A Night At The Opera (1975) y componíamos como locos. Estábamos
hambrientos, queríamos dar un paso adelante, había una voracidad y una lucha
constantes, lo que era muy sano. (…)
“Bohemian Rhapsoy” era de una época,
era producto de su época. Entonces era el momento adecuado para ese tema. Para
ser sinceros, si lo lanzáramos hoy no creo que hubiese tenido tanto éxito. No
soy modesto; entonces el ambiente era el más adecuado para ese tipo de
grabación majestuosa.
(p. 54-55)
Condiciones de la creatividad musical
No puedo dejar de componer nuevas
canciones. Tengo muchas ideas hirviendo en mi cabeza. Me vienen de manera
instintiva. Sencillamente me encanta componer pequeñas melodías agradables y
pegadizas. Se trata de algo que tengo que seguir haciendo, pero que también
disfruto al hacerlo. Es una especie de pasatiempo entretenido. Al final resulta
tan gratificante que quieres seguir haciéndolo y explorar aspectos diferentes para
ver cómo saldrán. Es como pintar un cuadro. Has de alejarte un poco para ver
qué aspecto tiene.
En cuanto a las letras, son muy
difíciles. Considero que son una tarea dura. Mi punto fuerte es el contenido
melódico. Primero me concentro en eso, luego, en la estructura de la canción, y
al final viene la letra. (…)
Cuando estoy escribiendo canciones
necesito estar completamente solo, cerrado a cal y canto. Tengo que estar,
absolutamente, solo para poder concentrarme. (…)
No soy uno de esos
compositores que salen a la calle y de repente se sienten inspirados por una
visión (…) No, me inspiro simplemente sentado en la bañera. (…) La inspiración surge en todas partes. Surge cuando menos me lo espero
y causa estragos en mi vida sexual. Algunas de mis canciones incluso han
surgido estando en la cama. Pero entonces tengo que escribirlas allí mismo o,
de lo contrario, a la mañana siguiente las he olvidado. Una noche, cuando Mary
(Austin) y yo vivíamos juntos, me desperté en mitad de la noche y no se me iba
una canción de la cabeza. Tenía que sentarme y escribirle, así que me levanté y
arrastré el piano al lado de la cama para tener el teclado al alcance. Eso no
duró mucho tiempo, ya que ella no lo aguantaba. Y no puedo decir que eso me
sorprenda.
(p. 60-63)
Los límites de una estrella pop
Lo que de verdad me anima a seguir
adelante es que me gusta reírme de mí mismo. Si fuéramos otro tipo de banda,
con temas y mensajes políticos, entonces sería algo totalmente distinto. Esa es
la razón por la que puedo llevar puestos unos pantalones cortos ridículos y
sobreactuar con saludos casi en plan Gestapo. Todo es muy kitsch. Aunque no
todo el mundo se da cuenta de eso.
(p. 39)
Divismo sin mesianismo
Me siento increíblemente poderoso en
el escenario y estoy completamente inmerso en la música. Es impresionante y
alucinante estar allí arriba con toda esa gente en la palma de tu mano. Pero no
se me ocurre nunca que pueda tener el poder de hacer declaraciones políticas a
la gente. No soy un Mesías ni nada de eso, no quiero dar sermones a nadie.
De ninguna manera. No quiero liarme dando discursos. (…)
Tengo bien claro que nunca abusaría de
ese poder. No salgo cada noche al escenario penando: “¡Caramba! Tengo ese poder”.
¡Soy demasiado maravilloso para hacer eso, queridos! A veces siento que podría
ser el flautista de Hamelin, pero no me gustaría pensar que la gente es tan
estúpida.
(p. 39)
No quiero cambiar el mundo con nuestra
música. Nuestras canciones no esconden mensajes ocultos, excepto quizá algunas
canciones de Brian. Mis canciones son como maquinillas de afeitar Bic; son para
entretenerse, para el consumo moderno. La gente puede deshacerse de ellas
después como pañuelos usados. Pueden escuchar una canción, gustarles,
deshacerse de ella y luego pasar a la siguiente. Pop desechable.
No me gusta escribir canciones con
mensaje porque no me siento motivado políticamente, como John Lennon o Stevie
Wonder. En mi mente también hay espacio para la política, sí, pero la rechazo
porque somos músicos. No quiero ser político y no creo que tenga el talento
como para escribir mensajes profundos. La música es muy libre. Simplemente
depende de quién seas. Seguro que John Lennon puede hacerlo, pero yo no. Mis
canciones son como canciones de amor comerciales.
(p. 65)
La persona detrás de la estrella
¡En el escenario estoy que hiervo! Para mí, tocar delante de una
gran multitud no tiene parangón. La sensación que obtengo del público es mejor
que el sexo. Me encanta la excitación que provoca y siempre siento que quiero
más (…) Esa es mi naturaleza, pero no soy así en la vida real. Cuando salgo del
escenario necesito horas para relajarme y transformarme de nuevo en mi
auténtico yo. Mi personalidad está hecha a base de todo tipo de componentes, y
el Freddie del escenario es tan solo un elemento de mí.
(…) Cuando estoy actuando soy un
extrovertido, y sin embargo por dentro soy un hombre completamente diferente.
En el escenario soy un gran macho, un objeto sexual, y soy muy arrogante, así
que la mayoría de la gente me rechaza por eso. Pero realmente no soy así. No
saben realmente cómo soy por dentro. La gente cree que soy un ogro. (…) Esperan
que también sea el mismo en mi vida privada. Dicen: “Venga, Freddie, actúa. Anímanos un poco”.
(p. 40-41)
Ya quedaron atrás los días en que
pensaba que tenía que representar esa imagen de Freddie Mercury cuando estoy
fuera del escenario debido a lo que la gente espera de mí. Descubrí que puedes
acabar sintiéndote muy solitario si tienes que hacerlo, así que ya no temo
salir del escenario y limitarme a ser yo mismo, lo cual puede ser muy aburrido
e insulso para algunas personas. Cuando estoy en casa voy con pantalones tejanos
y una camiseta. (…) Pero soy un ser humano y me gustaría que la gente se diese
cuenta de que soy igual de bueno y de malo que todo el mundo.
(p. 41)
Soy un ser humano. Me gustaría que la
gente aceptara el hecho de que soy un ser humano. Es como si fuera un
minusválido, porque la gente inmediatamente busca mi personalidad escénica. Nadie
quiere a mi auténtico yo. Por dentro, todos están enamorados de mi fama y del
estrellato. La mayor parte del tiempo eso juega en mi contra. Quiero una
relación, pero siento que debo luchar por eso todo el tiempo. Es como si
hubiera creado un monstruo. (…) No puedes saber si te quieren a ti o al Freddie
Mercury estrella del pop… ¡Y él es alguien
bastante diferente!
(p. 91)
Fama, éxito y distorsión de las relaciones personales
Cuanto más subas por la escalera, más
despiadado has de ser si quieres evitar caerte. No es que yo quiera ser duro y
despiadado, es algo que te ves obligado a ser. Una vez que logras el éxito,
toda la gente mezquina de te acerca y es entonces cuando debes ser muy
fuerte e intentar hacer una criba, y realmente esa es la prueba de la supervivencia.
(…) Has de vigilar a todo el mundo que trabaja para ti y si da la sensación de
que te están engañando has de sacártelos de encima rápidamente.
(p. 22)
Cuando tienes éxito todo se hace muy
difícil. Descubres a los auténticos miserables. (…) Quiero decir que la mayor
parte del tiempo, cuando la gente habla conmigo, inmediatamente pienso: “¿Qué
es lo que quiere? ¿Vas tras esto o lo otro?” Así que a la gente le resulta muy
difícil conocerme. Tengo que pasar por una especie de largo proceso de
selección. Tengo que averiguar de qué van. No recibes a la gente con los brazos
abiertos todo el tiempo, tienes que escudriñarlos.
El éxito me ha proporcionado millones
de libras y adulación en todo el mundo, pero no eso que todos necesitamos: una
relación amorosa. Pueden amarte muchos miles de personas y, aun así, ser la
persona más solitaria. Y la frustración que supone lo empeora, porque a la
gente le resulta difícil entender que puedes sentirte solo.
(…) La soledad no significa solo estar
encerrado en una habitación, sino que también puede ser que estés en un lugar
atestado de gente y, sin embargo, ser la persona más solitaria, y eso es lo más
doloroso.
(p. 93)
Recuerdo de Michael Jackson
Michael y yo nos distanciamos un poco después
de su enorme éxito Thriller (1983).
Simplemente se refugió en su propio mundo. Solíamos pasarlo muy bien yendo a
clubes juntos, pero ahora él no sale de su fortaleza, y eso es muy triste. Está tan
preocupado por lo que pueda hacerle alguien que se ha vuelto paranoico con
respecto a todo. (…) Creo que él es un enigma, y eso lo convierte en un regalo
divino para los medios de comunicación, porque pueden escribir lo que quieran sobre
él, ya que todo encaja. Es muy tímido y todo lo que puedo decir es que en la
época en que le conocía era un tipo muy simpático y encantador, y con mucho
talento. Eso es todo.
(p. 128)
Vida personal y afectiva
Me enamoro con mucha facilidad y, al
final, siempre acabo dolido. (…) En términos amorosos, nunca tienes el control
y odio esa sensación. He llorado a mares. Puede que proyecte una imagen de
duro, pero por dentro soy un blando.
(p. 89)
Temor de la enfermedad
Rezo para no contraer nunca el sida. Tengo
muchos amigos que lo tienen. Algunos han muerto, otros no vivirán mucho tiempo
más. Me aterra pensar que yo pueda ser el siguiente. (…)
Solía vivir para el sexo, pero ahora
he cambiado. He dejado de salir de marcha, se han acabado las noches de fiestas
salvajes. Casi me he convertido, poco a poco, en una monja. (…) En otro tiempo,
fui tremendamente promiscuo, buscaba exceso en cualquier dirección, pero ahora
soy totalmente diferente. He acabado con todo eso y no echo de menos ese tipo
de vida. No me supone ningún problema.
(p. 185)
Fuente:
Freddie Mercury (2007) Su vida contada por él mismo. Recopilación
y edición de G. Books y S. Lupton. Barcelona: Ma Non Troppo.
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