Mi vecino y mi abuelo. Dos lecciones de convivencia en la disparidad / Víctor H. Palacios Cruz
Don Antonio Rumiche Ayala A mis 16 años obtuve el primer premio de un importante concurso de poesía juvenil. En el jurado figuraban poetas ahora venerables como Antonio Cisneros, Javier Sologuren y Abelardo Sánchez León. Fue la primera vez que aparecí en la televisión entrevistado en un noticiero de mi ciudad. Me felicitaron calurosamente, además de mis padres por supuesto, profesores y compañeros de colegio. Pero la felicitación, diría la celebración más significativa que recibí me vino de las manos de mi vecino, don Antonio Rumiche Ayala. Historiador, maestro y director de la Casa-Museo Miguel Grau de Piura, que había escrito un largo artículo mecanografiado en que comentaba generosamente mis versos y hablaba de mi prometedora carrera como escritor. Yo visitaba de vez en cuando su casa, frente a la mía, para jugar al ajedrez con un hijo suyo y amigo del barrio. Aquellas visitas me permitieron acceder a la biblioteca de don Antonio, con sus largas y bellas vitrinas de madera...