Mi alumno que lloraba a solas en un baño / Víctor H. Palacios Cruz
J. es uno de los estudiantes que más recordaré toda mi vida. No obtuvo el promedio más alto de su grupo, ni siquiera intervenía en clase aportando ideas. Es más, no llegó a aprobar la única asignatura en que coincidimos. ¿Por qué digo entonces que, dos años después, lo recuerdo mucho y seguidamente? El semestre tenía cuatro unidades. Al concluir la primera de ellas sacó una calificación baja y preocupante. Otros chicos recibieron la misma noticia y desaparecieron de las clases, faltando aún las tres cuartas partes del camino. En cambio, J. volvió la siguiente clase. Se acercó a mi mesa, me dio la mano y me miró sonriente: “Profesor, le prometo que voy a esforzarme más en adelante”. No tenía por qué decirlo, pero vi en su gesto una honradez y una determinación que me conmovieron. Y a lo largo de todo lo que quedó de asignatura, J. honró su palabra. Siempre sentado en los primeros lugares, puntual y esmeradamente atento. Incluso empezó a colarse en otra de mis aulas donde tenía...