Extractos de café: citas sobre la historia, la cultura y la química del café / Víctor H. Palacios Cruz
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La bebedora de café. Pintura de I. Kobilca (1888). |
Con la misma exaltación y la carga eléctrica de un buen sorbo de cafeína,
comparto con los lectores –bebedores o no de este legendario estimulante–
algunos de mis subrayados del libro más rico y sustancioso que haya ingresado
en mucho tiempo en la biblioteca de mi casa, una verdadera enciclopedia o
incluso Biblia del café, El mundo de la
cafeína. La ciencia y la cultura en torno a la droga más popular del mundo,
obra reciente de los investigadores Bennet Alan Weinberg y Bonnie K. Bealer, y
seguramente el resultado de innumerables horas de documentación y escritura como
también, según sospecho, el producto de otras tantas tazas de este brebaje bendito,
oscuro y luminoso.
ORIGEN
La verdad sobre el mito del pastor Kaldi
“El mito del cabrero etíope Kaldi y
sus cabras bailadoras, la historia del origen del café que con mayor frecuencia
se encuentra en la literatura occidental, embellece la tradición, quizá
verosímil, de que el encuentro sufí con el café ocurrió en Etiopía, que se
ubica justo al otro lado del estrecho pasaje del Mar Rojo, frente a la costa occidental
de Arabia. Antoine Faustus Nairon, maronita que llegó a ser profesor de lenguas
orientales en Roma y autor de uno de los primeros tratados dedicados al café, De saluberrima potione cahue seu café nuncupata
discurscus (Discurso sobre la muy
saludable bebida café y descripción de sus virtudes), relata que, al notar
los efectos tónicos en su rebaño cuando éste mordisqueaba las brillantes bayas
rojas de cierta mata verde con olorosas flores, Kaldi masticó también las
frutillas. Su regocijo lo impulsó a llevar las bayas a un santón islámico de un
monasterio cercano, pero el santón reprobó su empleo y las arrojó al fuego, del
que surgió una oleada de un tentador aroma. Con rapidez sacó de entre las
brasas los granos tostados, los molió y disolvió en agua caliente y obtuvo la
primera taza de café del mundo. Desgraciadamente para quienes de otro modo se
habían inclinado a creer que Kaldi es un emblema mítico de una persona real, el
cuento no aparece en ninguna de las fuentes árabes antiguas y, por ende, debe
suponerse que se originó en la imaginación literaria cargada de cafeína de
Nairon y se difundió gracias a su atractivo para los primeros asiduos bebedores
de café europeos”.
(p. 29-30)
Bendición cristiana y occidental del café
“Antes de finales del siglo XVII, el
comercio del café en Italia se limitaba a los vanguardistas, como estudiantes,
profesores y visitantes de la Universidad de Padua.
“En el año 1600, ya fuese como
resultado de las solicitudes de los temerosos mercaderes de vino o como
consecuencia de las peticiones de algunos sacerdotes reaccionarios, se
convenció al papa Clemente VII de que juzgara y se pronunciara sobre la nueva
complacencia, de la que un mercader veneciano le llevó una muestra. Los
clérigos católicos conservadores que se oponían al café argumentaban –en lo que
coincidían con sus contrapartidas islámicas– que su ingestión constituía una
violación de la ley religiosa. Afirmaban que el diablo, que había prohibido el
vino sacramental al infiel, también lo había iniciado, para su mayor turbación
espiritual, en el café, con todos los males que acompañan a la bebida. El negro
brebaje, argüían, no podía tener un lugar en la vida cristiana y suplicaban al
papa que prohibiera su ingestión. Ya hubiese sido por un sentido de justicia o
impelido por la curiosidad, el papa decidió probar la aromática pócima antes de
emitir su veredicto. Su sabor y efecto le resultaron tan deliciosos que declaró
que sería una pérdida lastimosa dejar su disfrute a los infieles.
Consecuentemente “bautizó” la bebida como adecuada para su consumo cristiano y,
al hacerlo, evitó a Europa las recurrentes disputas religiosas sobre el café
que persistieron en el Islam durante decenios, si no siglos”.
(p. 116)
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Casa de café en El Cairo. Pintura de K. Egorovich (1870). |
CASAS DE CAFÉ
Las primeras casas de café
Hacia el siglo XVI, “el café se vendía
en tres tipos de establecimientos: puestos, tiendas y casas de café. Los puestos
de café eran unas diminutas casetas, situadas por lo general en el barrio
comercial, que ofrecían servicio para llevar: era típico que los mercaderes
enviaran mensajeros a tomar los pedidos. Las tiendas de café, comunes en
Egipto, Siria y Turquía, eran instalaciones en los vecindarios que combinaban
la venta para llevar y una pequeña área con mesas, frecuentemente al aire
libre, para los conversadores. Las casas de café eran los establecimientos de
primera calidad, situados en los barrios exclusivos de las grandes ciudades, y
ofrecían mobiliario elegante, instrumentistas, cantantes y bailarinas, a menudo
en un ambiente de jardines con fuentes y mesas a la sombra de los árboles. A
medida que aumentaba la popularidad de las casas de café, estas se hacían más
opulentas. A esas llamadas escuelas de sabios acudían en tropel los jóvenes en
busca de una carrera de derecho, los servidores públicos ambiciosos, los
oficiales del serrallo, los eruditos y los mercaderes y viajeros acaudalados de
todas partes del mundo conocido. Los tres tipos –puesto, tienda y
casa de café– fueron y siguen siendo comunes en el mundo árabe, como lo son en
Occidente hoy en día.
“(…) el juego de azar, especialmente el ajedrez, el
backgamon y las damas, era, junto con la charla ociosa, una característica
común de las casas de café. Los juegos de cartas, consignados por los viajeros,
pudieron haber sido introducidos más tarde desde Europa; no obstante, los
escritores islámicos contemporáneos, grupo puritano sin excepciones,
desaprobaban esas actividades frívolas, aunque no se apostara dinero. Uno de
los pilares del entretenimiento en las casas de café mencionado por los
escritores musulmanes era el cuentista, un añadido barato al placer de los
clientes que, para los severos vigilantes de la moral de la época, era más
aceptable que el chismorreo o el juego de azar.”
(p. 45-46 y 49-50)
El café Procope, las ideas y la Revolución Francesa
“En 1689, François Procope abrió en
Paris las puertas del primer café del mundo, una adaptación francesa de la casa
de café islámica. (…) al igual que lo estaban haciendo las casas de café en
Londres al otro lado del canal de La Mancha, atrajo a actores, músicos y a un
importante círculo literario. Durante sus dos siglos de operación como café, el
Procope fue el lugar predilecto de escritores como Voltaire, un adicto maníaco
al café, Rousseau, Benjamin Franklin, Beaumarchais, Diderot, D’alembert,
Fontaneller, La Fontaine, Balzac y Víctor Hugo. Como el famoso sillón de
Johanson en la casa de café Button, la mesa de mármol de Voltaire y su silla
favorita se conservaron entre los tesoros del café durante muchos años. El
brebaje favorito de Voltaire era una mezcla de chocolate y café que le
suministraba dosis muy eficaces tanto de cafeína como de teobromina. Se dice
que hizo la siguiente observación a propósito de Linant, un versificador
pretencioso y sin talento: “Se considera como una persona de importancia,
porque todos los días va al Procope”.
“Como sus contrapartidas inglesas, el
Café Procope se convirtió en el centro de las discusiones políticas.
Robespierre, Marat y Danton se reunían allí para debatir los peligrosos asuntos
del día y se supone que desde el café trazaron el curso que llevó a la
revolución de 1789. Cuando todavía era un joven oficial, Napoleón Bonaparte
también frecuentaba el establecimiento y era tan pobre que el propietario le
pidió dejar su sombrero como garantía de que pagaría su cuenta de café. El café
Procope tuvo un éxito asombroso y, desde su apertura, la bebida adquirió carta
de naturalización en la ciudad de Paris”.
(p. 122-124)
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Café Procope, en Paris. |
CÉLEBRES ADICTOS AL CAFÉ
William Harvey
Al morir en 1657, William Harvey, a
quien se debe el descubrimiento de la circulación de la sangre, “exclamó a su
abogado y amigo: «¡Este pequeño fruto es la fuente de la felicidad y la
inteligencia!», mientras corría la uña de su pulgar a lo largo de la ranura de
un grano de café. En realidad, el objeto de su elogio y celebración era la
cafeína. En su testamento, dejó su cafetera y cincuenta y ocho libras de granos
de café, toda su provisión, a sus hermanos del Real Colegio de Médicos, con la
indicación de que celebraran el día de su muerte cada mes bebiendo café, hasta
que la provisión que les dejaba se hubiese agotado”.
(p. 171)
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W. Harvey demostrando su teoría de la circulación sanguínea... (óleo de E. Board, 1912). |
Honoré de Balzac
En su libro Tratado de los estimulantes modernos (1839) escribe:
«El café llega al cerebro mediante
radiaciones apenas perceptibles que escapan a un análisis completo; no obstante,
debemos suponer que nuestro flujo nervioso primario conduce una electricidad
que el café emite cuando lo bebemos. El poder del café cambia con el tiempo.
Rossini me dijo: “el café es una aventura de quince o veinte días; justo el
tiempo necesario para escribir una ópera”. (…)
He descubierto un método horrible, más
bien brutal, que solo recomiendo a los hombres de vigor excepcional. Se trata
de utilizar café finamente pulverizado y denso, frío y anhídrido (seco),
consumido con el estómago vacío. Ese café cae en el estómago, un saco cuyo aterciopelado
interior está revestido con una tapicería de ventosas y papilas. El café no
encuentra nada más en el saco, por lo que ataca a esos delicados y voluptuosos
tapices (…) y provoca chispas que van a dar hasta el cerebro. A partir de ese momento, todo se agita. Las
ideas se ponen pronto en movimiento como batallones de un gran ejército hacia
su legendario campo de batalla y el combate es encarnizado. Los recuerdos
cargan, con los brillantes estandartes en alto; la caballería de metáforas despliega
un magnífico galope, la artillería de la lógica corre con traqueteantes
carretas y cartuchos, a órdenes de la imaginación, los tiradores de primera
apuntan y disparan; las formas, las figuras y los caracteres se yerguen; la
tinta se esparce sobre el papel, pues la labor nocturna empieza y termina con
torrentes de esa negra agua».
(p. 187-188)
EL CAFÉ, LITERATURA Y DEMOCRACIA
“Antes de la casa de café, la prosa de
la exposición y la narrativa inglesa era predominantemente lacónica y «monoléctica»,
esto es, la mayor parte de lo que se tenían que decir se decía brevemente y en
una sola voz. Con el surgimiento de la casa de café, el diálogo comunicativo en
prosa gozó de una moda extraordinaria. Autores diversos –desde escritorzuelos
panfletistas hasta ensayistas sofisticados– producían copiosamente los diálogos
en prosa que gracias a sus mejores esfuerzos llegaron a ser tan estimados. (…)
“El crítico Harold Routh comenta sobre
la manera en que las discusiones de las casas de café empezaron a fomentar esos
ideales:
“«La conversación tiene un extraño
efecto sobre las ideas nacientes. Quien ha entrenado su mente mediante el
intercambio de pensamientos en la conversación se hace más sutil y flexible que
cuando ha alimentado su espíritu exclusivamente con la lectura. Habla con
oraciones más concisas y sustanciosas, porque el oído no puede, tan fácilmente
como el ojo, prestar atención durante largos períodos. (…) Así, las clases
medias empezaron a completar su educación. Las casas de café les proporcionaron
un lugar para el intercambio de ideas y para la formación de la opinión
pública.»”
(p. 247-248)
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Voltaire en el café Procope, según un óleo de C. Jacquand. |
QUÍMICA DEL CAFÉ Y SALUD
Reacción de la cafeína en el cuerpo
“Debido a que la cafeína es soluble en
las grasas y atraviesa con facilidad la membrana de la célula, se absorbe
rápida y completamente a partir del estómago y los intestinos y pasa al
torrente sanguíneo, que la lleva a todos los órganos. Lo anterior significa
que, poco después de haber ingerido una taza de café o té, la cafeína se
encuentra presente ya en prácticamente todas las células del cuerpo. La
facilidad de penetración de la cafeína tiene como resultado una regularidad de
su distribución excepcional en comparación con la mayoría de los otros agentes
farmacológicos; debido a que el cuerpo humano no representa una barrera
fisiológica importante que impida su paso a través de los tejidos, la
concentración que alcanza la cafeína es prácticamente la misma en la sangre, la
saliva y aun en la leche de la mama y el semen.”
(p. 322)
Beneficios respiratorios
“La cafeína actúa como un poderoso
broncodilatador en los enfermos de asma y proporciona protección contra los
efectos de fumar en los pulmones; asimismo, aumenta el tiempo en que los
enfermos de angina de pecho crónica estables pueden caminar sin sentir dolor. (…)
Desde hace mucho tiempo se ha reconocido como analgésico adyuvante, es decir,
que refuerza los medicamentos contra el dolor. La cafeína también es útil para
prevenir la hipotensión aguda (caída repentina de la presión sanguínea), como
la que en ocasiones se presenta después de desayunar, especialmente entre los
ancianos”.
(p. 393)
Posibles beneficios neurológicos
“Menachen Segal, profesor de
neurociencias del Instituto Weizmann, de Rehovot, Israel, y experto en
neuromodeladores del cerebro, hizo recientemente un asombroso descubrimiento
que sugiere que la cafeína causa cambios en las células del cerebro que probablemente
tienen efectos muy benéficos en la memoria
de largo plazo. (…)
“Segal también observó un fenómeno más
asombroso: la cafeína causó que crecieran
más las terminales de los axones de las dendritas existentes, esto es, las
ramificaciones del extremo de las neuronas que les permiten establecer
conexiones sinápticas unas con otras, e incluso causó también que se
desarrollaran nuevas ramificaciones y terminales. Aun cuando no existe
información experimental directa disponible sobre los efectos reales de la
cafeína en la memoria de largo plazo, si acaso los hay, los neurólogos han
creído desde hace mucho tiempo que el mejoramiento del «cableado» del cerebro
realmente mejora tanto la memoria de largo plazo como el aprendizaje. Si en estudios
futuros se demostrase esta relación, se confirmaría que la cafeína es la única sustancia conocida que puede
aumentar las funciones cerebrales mediante la alteración de la estructura física
del cerebro.”
(p. 434)
Bennet Alan Weinberg y Bonnie K.
Bealer (2018). El mundo de la cafeína. La
ciencia y la cultura en torno a la droga más popular del mundo. México:
FCE.
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