El lenguaje de los niños. Reflexión y anécdotas / Víctor H. Palacios Cruz
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"Niños en la playa" (sin fecha). |
Una de las facetas más divertidas
y cruciales en el crecimiento de un niño es, sin duda, la adquisición del
lenguaje. No hay padre que no sonría y no se asombre ante los primeros gorjeos,
las primeras palabras y las primeras sintaxis que pronuncian sus hijos y que,
viniendo de ellos, suenan como piezas complejas y sofisticadas producidas por los medios más tiernos e incipientes. A todos nos embelesa el escuchar a un bebé de
dos años o más llamar por su nombre a las partes de su cuerpo, a sus alimentos
y a todas las cosas que lo rodean; copiar los dichos más serios de sus mayores,
gestos incluidos; trasladar una frase a un contexto diferente; formular las
preguntas más inesperadas, a veces embarazosas; y hasta equivocarse en las
conjugaciones de los verbos. Incluso esas aparentes torpezas en el habla muestran
que el pequeño ha intuido ya lo más característico del lenguaje: la constancia de
sus reglas.
A propósito, no es tanto
el hecho de que el niño interiorice
una herramienta que, a través de sus padres, le proporciona la vasta humanidad
que le ha antecedido sobre la tierra (qué revelador llamarla “lengua materna”);
sino el que se renueve esa aurora de misterios que es el espectáculo de una
conciencia virginal que al fin encuentra en el lenguaje su piso, su esqueleto y
hasta unas alas a las que, sin embargo, el peso del cuerpo hará volver a tierra
tercamente. Lo que resta en adelante será aprender lo más difícil, aquello para
lo cual no hay enseñanza suficiente: dar con las combinaciones de vocablos que,
en la soledad o la compañía, hagan sonar dentro de los corazones la música del
alivio, el sentido y la esperanza.
Comparto unas anécdotas
personales seguidas de las registradas y generosamente cedidas para esta
publicación por mi amiga Sol M. Terré. ¿Les gustaría sumar los bellos ejemplos protagonizados
por sus hijos, sobrinos, nietos o hermanos menores?
*
Todas las pinturas que acompañan esta publicación pertenecen a Joaquín Sorolla
(1863-1923).
«¿Dónde está el nombre
del sol?»
«Dentro del sol», dijo
un niño de siete años.
Joseph Campbell
Falla
una de las máquinas que usa mi esposa para sus finos trabajos de papelería
personalizada, y escuchamos su fuerte exclamación de desahogo. Benjamín, que
está a pocas semanas de cumplir tres años, interrumpe el juego que lo
entretenía, sale de su cuarto y camina apresurado hacia la mesa donde ella se
encuentra. “Mamá, ¿estás triste?”, pregunta.
Otro
día, almuerzo con él mientras hace unas rayas sobre un cuaderno en blanco. Sin
aparente razón, lanza el cuaderno sobre su plato de comida y lo mancha. Al instante
lo retiro y lo limpio, y vuelvo a sentarme mirándolo fijamente, sin decir nada,
con el mentón apoyado sobre mi mano derecha, en posición César Vallejo.
Benjamín deja de comer, gira hacia mí y dice: “papá, ¿estás pensando algo?”
Al
día siguiente, por la mañana, sucede uno de sus berrinches. No ha pasado nada
grave, pero llora sin consuelo. Tengo prisa, debo empezar una clase y, para
calmarlo, no veo más opción que ponerle unos videos en la televisión. Se lo
digo y, como si hubiera oprimido un botón en el tablero de su conducta, cambia
de repente, se pone contento y camina, la cara mojada, rumbo a la sala. Al ver
la puerta del baño entreabierta, se detiene y dice: “quiero eso”. “¿Papel
higiénico?” “Sí, papá”, responde. “Entra, Benjamín, coge tú mismo lo que
necesites, ya sabes usarlo”. Efectivamente entra, coge unos retazos del rollo
puesto junto al retrete, se seca las mejillas y, antes de echarlos a la
papelera, mira la bolita húmeda que ha hecho con sus manos y dice: “¡todo lo
que he llorado!”.
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"Las tres hermanas". |
Colaboraciones de Sol M. Terré:
“Mientras
preparaba el desayuno, viene Paul (15 meses) y me tira de los pantalones.
Agarro el bowl de cereal con cereal y leche, lo apoyo sobre su sillita para que
pueda ver y, tenedor en mano, pongo media banana adentro y le digo: “¿Ves,
Paul? Ahora vamos a pisar la banana”. Y antes de que pudiera meter el tenedor, se saca
una media y quiere meter el pie adentro del bowl!!! Queria PISAR la banana con
su pie!
“Mamá: Arthur (3 años), toma, vamos a
llevar estas medias para Papa (le doy un pack de tres pares).
Arthur (mirando perplejo el paquete):
Pero, mamá, ¡papá tiene solo dos pies!
Mamá: Arthur (2 años y medio), ¿por
qué las jirafas tienen el cuello tan largo?
Arthur: Porque necesitan usar corbata.
Mamá: Nooo… es porque comen hojas de
los árboles y las hojas de los árboles están altas. Arthur: Nooo, ¡en otoño se
caen!
Arthur (2 años y medio): “Paul es
parte del mundo”.
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"La siesta, Asturias". |
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
ResponderBorrarQué dulce Benjamín, dejando todo atrás para ver cómo estaba su mamá. Efectivamente, el "espectáculo de una conciencia virginal", como tan bien lo describes, es una faceta que he disfrutado muchísimo en la interacción con mis niños. Comparto otro momento registrado, una conversación justamente sobre el aprendizaje del lenguaje.
ResponderBorrarContexto: Encogida para entrar en la pequeña cama de mi hijo menor, acompañándolo mientras concilia el sueño. Muy cansada, intento mantener mis ojos abiertos... tengo mucho por hacer antes de terminar el día. De repente, su vocecita de 5 años corta el silencio y la oscuridad:
Ulysses: ¿Mamá?
Mamá: ¿Si, Uly?
U: ¿Cómo me “aprendiste” a hablar en español?
M: ¿Cómo te enseñé a hablar en español? Te hablé en español desde el día que naciste...
U: Eso no es una buena maestra.
M: ¿Porqué no?
U: ¿Sólo hablaste?
M: Te hablé, contesté tus preguntas, te expliqué y te corregí cuando te equivocabas...
U: Ahh, eso sí es una buena maestra.
M: ¡Menos mal! (aliviada)
Unos minutos más tarde...
U: ¿Mamá?
M: ¿Si?
U: Cuando yo tenga mis hijos, te voy a dejar jugar con ellos.
M: ¡Gracias, Uly! Me va a encantar ❤️
Un tiempito después:
U: ¿Mamá?
M: ¿Si?
U: ¿Vos me podés ayudar a “aprenderles” español?
M: Si, Uly, por supuesto, con mucho gusto. ¡Voy a ser la nonna que habla español!
U: ¿Qué es nonna?
M: Nonna se le dice a las abuelas en algunos lugares
U: (riéndose picaronamente se tapa la boca)
Se quedó pensando...
U: ¿Mamá?
M: ¿Si?
U: Yo no sé si cuando yo tenga hijos vos vas a caminar con un palito o no...
M: ¿Con un bastón? yo tampoco sé, Uly... espero que no. Y si lo uso, espero que no me lo saquen tus hijos.
U: Si te lo sacan conseguimos otro.
M: ¡Mientras no me caiga!
...
U: Zzzzzz
M: :)