Una taza de café caliente / Por: Víctor H. Palacios Cruz
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Bodegón de Estudiantes de Técnicas de Iluminación 2019-2, dirigido por Juan Gil S. (USAT, Chiclayo). |
En esta época del año, al sur del
Ecuador, las temperaturas bajan y al invierno sanitario que ha impuesto esta
pandemia se suma el invierno estacional en que el cuerpo agrega a sus cuatro
paredes las prendas gruesas recobradas en el fondo de un cajón. Pero aun quietos
y sentados, nada resucita con mayor energía la unión entre nuestra soledad y la enormidad del mundo que una buena taza de café caliente. Fragancia milagrosa que es también el nudo entre dos lejanías: la de la procedencia geográfica de su
producción, y el destino, altura o abismo, al que nos envían sus efectos siempre
reiterados y a la vez irrepetibles.
Comparto un nuevo texto de homenaje a
una bebida que da a este blog la mitad de su nombre y la totalidad de su
sentido.
Prefiero que mi
taza de café llegue muy caliente a mi mesa: quiero su compañía todo el tiempo
que sea posible. Mi boca titila inquieta, pero la temperatura impone entre un
sorbo y otro intervalos que me relacionan más profundamente con la duración.
Lo tengo
delante y empiezo a distinguir los segundos entre sí, cada uno despojado de su vestido
de número, cada cual visible en las nervaduras de una hoja en el jardín, en el
teclado de las gotas de lluvia sobre el charco de la calle, en el temblor de
una rama después del ave que ha partido. En cada una de mis pulsaciones
detonadas por la cafeína. Quizá esta bebida es una ofrenda a su entorno, cualquiera
que este sea. Aprendí que la presencia es un don de la lentitud.
Observo mi taza
y es como si tuviera delante a un gato sospechosamente inmóvil, o como si mis
dedos rozaran ilegibles volúmenes impresos en una lengua extinta. Como si contemplara
el brazo desnudo de mi amada, o flotara sobre una balsa en medio de un océano
transparente. Llega un momento en que en lugar de alma tengo olor a café y,
en seguida, escucho una respiración secreta alzando la piel de los objetos.
Hasta la servilleta más fina adquiere un espesor impenetrable.
Bebo, y sobre
el suelo de mi cabeza una repentina concentración emprende el vuelo que la
difumina. Sé que mis arterias son avenidas por donde aire, tierra, fuego y agua
pasan y no vuelven más, mientras mi nariz lo impregna todo –pan, beso y mandarina–
con la exhalación de lo bebido. Ahora mismo, por ejemplo, soy una taza de Villa
Rica con su caprichosa orografía dorada por la cháchara de sus campesinos.
Cuando nos
desplazamos a prisa, árboles y casas quedan a ambos lados troceados en el velo
confuso con que la velocidad nos separa del espacio. La rapidez hace de las
cosas las esquirlas de un disparo. Por el contrario, el vapor del café despeja
y limpia superficies y contornos.
Y al beberlo
caliente, migraciones de todas las especies y comarcas me visitan. No tengo ya más remedio que adherirme a la teoría de David Hume, según la cual en rigor no
existe un “yo”, sino un tumulto de impresiones que no cesan y sobre las cuales la
mente ensaya unas cuantas formas arbitrarias.
Sé que la
totalidad que mi agitada pequeñez puede capturar es apenas la arena que cabe
dentro de mis puños. Con el café en el cuerpo, en cambio, llega a mis oídos el
salto de un pez al otro lado del planeta y luego me atraviesa una leve tempestad pasajera.
El paso de un huracán que en su huida deja una osamenta invisible, intacta y sin fin.
Luego, finalmente,
las cosas se van callando una por una, solas, con una parsimonia matemática. Acabado
todo y el día también, mi memoria acurrucada murmura en su guarida: “existí
durante unos minutos”. Y me sumerjo agradecido en la noche curva de una taza de
café revolviéndome entre estrellas.
Excelente!!! Muchas gracias por compartir parte de tu espíritu. El disfrute de un buen café y una interesante lectura, sobre todo en estos tiempos, es toda una bendición.
ResponderBorrargracias, Juan, y que vengan pronto esos cafés que nos debe la vida!
BorrarEl gran café... Muchas variedades para disfrutarlas en las muchas ocasiones de nuestro actuar diario...por el momento me acompaña siempre en mi escritorio. Saludos Victor Hugo, excelente como siempre...
ResponderBorrargracias, Marita, por tu lectura siempre leal y entusiasta. En efecto, qué sería incluso de nuestros encierros de pandemia sin el café, más estimulante para el corazón y el pensamiento que el más sofisticado dispositivo tecnológico.
BorrarQue preciosa descripción! Me transporta en el tiempo y el espacio hacia aquel remoto encuentro donde tuve la dicha de descubrir la extraordinaria sensibilidad de tus pensamientos... gracias a dos blancas tazas de café. Todo cobra renovado sentido. Mis mejores deseos para vos y tu familia, querido Víctor!
ResponderBorrarUn saludo a la distancia, Sol! Muchísimas gracias por tu lectura atentísima y acogedora. Y, claro, el café es convocante y un sello de la memoria también. Pienso que pandemia todavía más gris y sofocante habríamos tenido sin las tecnologías, sin el arte, sin los libros, pero también sin café en nuestras despensas. Sin su aroma reparador y su inconfundible dulzura nostálgica y a la vez estimulante. Abrazos también para ti y para los tuyos!!
Borrar¡Gran texto, profesor!
ResponderBorrarDe entre todos los olores, el del café tostado es uno de mis favoritos. Y el café, como bebida, es el elixir infaltable para empezar mi día.
Me gustó mucho la frase: "La rapidez hace de las cosas las esquirlas de un disparo".
Apreciado Mario, me entusiasma tu receptividad. Y celebro esta coincidencia en el café que se une a otras afinidades académicas e intelectuales que ya conocemos.
BorrarA propósito más exactamente de tu lectura, permíteme recomendarte esta otra entrada de mi blog que fue mi primer texto de homenaje a esta bebida de origen africano y ahora tan universal:
https://lalluviayelcafe.blogspot.com/2018/12/esa-noche-que-es-mediodia-un-elogio-del.html
Hay profe, se le extraña :(( Ojalá me vuelva a enseñar en un futuro ♡
ResponderBorrarGracias por los buenos recuerdos, y seguro que en el camino encontrarás maestros aun mejores con los que seguir impulsando tu aprendizaje. Con los mejores anhelos!
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