El incendio de Notre Dame: la catedral pierde de nuevo a Quasimodo / Por Víctor H. Palacios Cruz
Según
las noticias, se disparan las ventas de Nuestra
Señora de París, la célebre novela de Victor Hugo. A través de la lectura,
miles de lectores intentan con todas sus fuerzas retener y reconstruir un
patrimonio de la humanidad cuya cubierta fue ayer pasto de un fuego inconcebible.
Notre
Dame es un relieve sin el cual no se reconocería la faz de la Tierra. Su
construcción concilia maravillosamente las bases románicas con el despliegue de un gótico incipiente, lo macizo con lo elevado, la dureza de la piedra terrestre con la luz multicolor de unos vitrales
que teatralizan un anticipo de la gloria celestial.
Notre
Dame es también literatura, música, teatro, cine, pintura y las innumerables
miradas de quienes hemos tenido el privilegio de verla desde la orilla opuesta
del Sena, cruzar un puente y aproximarnos hacia su inmensidad con calculada
lentitud y al fin entrar y recorrer su antigua alma con la tranquilidad más intensa.
Apenas Notre Dame despunta a lo lejos al caminar por la capital francesa, uno siente su autoridad que de inmediato captura y organiza la mirada. Nos rodean los abrazos de sus arbotantes y nos tutelan las campanas de sus torres. Al avanzar hacia ella, el movimiento es el de una puesta en escena, como si la catedral hubiera existido siempre y ella hubiera dispuesto el paso del Sena y reordenado la ciudad a sus pies.
Apenas Notre Dame despunta a lo lejos al caminar por la capital francesa, uno siente su autoridad que de inmediato captura y organiza la mirada. Nos rodean los abrazos de sus arbotantes y nos tutelan las campanas de sus torres. Al avanzar hacia ella, el movimiento es el de una puesta en escena, como si la catedral hubiera existido siempre y ella hubiera dispuesto el paso del Sena y reordenado la ciudad a sus pies.
Su
devastación total, detenida a tiempo por valerosos bomberos,
habría equivalido a los incendios que consumieron la mítica biblioteca de Alejandría,o a la hipotética desaparición de las líneas de Nazca o al hundimiento de
todas las piedras de Machu Picchu.
Aquí
reúno tres citas de la novela de V. Hugo, que son una pequeña explicación de por qué nuestros corazones
pasaron ayer interminables horas en vilo pendientes de las novedades que
llegaban de París.
Sobre
la arquitectura de Notre Dame
“Es
imposible situarla en esa antigua familia de iglesias sombrías, misteriosas,
bajas y como aplastadas por el medio punto; casi egipcias a no ser por la
techumbre; todas ellas jeroglíficas, todas ellas sacerdotales, todas ellas
simbólicas; más cargadas con sus ornamentos de rombos y zigzags que de flores,
más de flores que de animales, más de animales que de hombres; obra más del arquitecto
que del obispo […] Imposible situar nuestra catedral entre esa otra familia de
iglesias altas, aéreas, llenas de vitrales y
esculturas; agudas de formas, osadas de actitud; comunales y burguesas
como símbolos políticos, libres, caprichosas y desenfrenadas como obras de arte
[…] Nuestra Señora de París no es de pura raza románica, como las primeras, ni
de pura raza árabe, como las segundas.
“Es
un edificio de la transición. El arquitecto sajón acababa de levantar los primeros
pilares de la nave cuando la ojiva, que llegaba con la cruzada se posó
conquistadoramente sobre esos anchos capiteles románicos, que debían soportar
los arcos de medio punto. La ojiva, dueña absoluta desde entonces, construyó el
resto de la iglesia.”
Notre
Dame y Quasimodo
“Separado
para siempre del mundo por la doble fatalidad de su nacimiento ignorado y su
naturaleza deforme, aprisionado desde la infancia en aquel doble cerco infranqueable,
el pobre desgraciado se había acostumbrado a no ver nada del mundo más allá de
los muros religiosos que le habían acogido bajo su sombra. Nuestra Señora había
sido sucesivamente para él, a medida que crecía y se desarrollaba, el huevo, el
nido, la casa, la patria, el universo.
Y
en verdad que había una especie de misteriosa armonía preexistente entre esta
criatura y aquel edificio. Cuando, siendo todavía muy pequeño, gateaba
tortuosamente, sobresaltándose bajo las tinieblas de sus bóvedas, parecía con
su rostro humano y sus miembros bestiales, el reptil natural de aquellas losas
húmedas y oscuras sobre las que las sombras de los capiteles románicos
proyectaban sus formas extrañas.
“Más
tarde, la primera vez que asió maquinalmente la cuerda de las torres y se
suspendió de ella haciendo balancearse la campana, le pareció a Claude, su
padre adoptivo, como cuando un niño rompe a hablar.”
“Para
aquellos que saben que Quasimodo ha existido, Nuestra Señora está hoy día
desierta, inanimada, muerta. Se siente que algo ha desaparecido. Ese enorme
cuerpo está vacío; es un esqueleto; su espíritu lo ha abandonado, se ve el
hueco y nada más. Es como un cráneo en el que están todavía los agujeros para
los ojos, pero que ya no mira.”
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Vitrales de Notre Dame |
Hermosa selección de muestras de solidaridad, asombro e interpretación ante la tragedia de Notre Dame
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