La conexión digital y la libertad en juego. Antes buscábamos en algún sitio, ahora se nos encuentra en todas partes
![]() |
Ilustración de Ella Baron para el Times de Londres |
“¿Has visto a esos zombis que vagan por las
calles con la cara pegada a sus teléfonos inteligentes? ¿Crees que controlan la
tecnología, o que esta los controla a ellos?”, pregunta Y. N. Harari en su
libro Lecciones para el siglo XXI.
En otro tiempo el futuro representaba la
certeza de una sociedad mejor, abastecida por el conocimiento, las máquinas y
los derechos universales. Durante algunos siglos vivimos confiados en el optimismo
que nos infundían la ciencia, la razón y una conjunción de progresos técnicos,
sociales y políticos.
Pero desde hace varias décadas, desde Un mundo feliz (1935) de A. Huxley hasta
la película Wall-E de Pixar (2008),
el futuro nos produce zozobra o cuando menos incertidumbre. ¿Qué será de
nuestras ideas sobre la inteligencia, la libertad, los afectos e incluso el
cuerpo cuando estemos totalmente inmersos en una órbita hiperdigital, en una
humanidad unificada por una red de datos que no admita resquicios de
desconexión y anonimato?
El portal de BBC Noticias en castellano publica esta reseña de un libro que aborda una de las cuestiones en juego: la vigilancia de los ciudadanos con fines mercantiles y financieros por medio del acopio de datos a través de Internet.
Aquí un segmento:
Lo logró gracias a una lucrativa fórmula que
cambiaría para siempre la naturaleza del negocio y que permitiría, por primera
vez en la historia, predecir (y modificar)
el comportamiento del consumidor a través de un algoritmo de "caja
negra" (una suerte de maquinaria "invisible").
Ese sistema sentaría los cimientos de lo que la economista y
filósofa Shoshana Zuboff* ha llamado el “capitalismo de la vigilancia”,
una forma de capitalismo “sin precedentes” que predice las acciones de los
internautas en el mundo real con el único propósito de beneficiar a las
empresas. Las experiencias de los usuarios se convierten así en materias primas
que permiten crear datos para adelantarse a comportamientos futuros.”
Aquí el texto completo
Y aquí, citas de algunos autores que meditan
sobre el tema en libros que recomiendo decididamente.
![]() |
Byung-Chul Han |
Byung
Chul-han En el enjambre
Cultura
digital: la conexión equivalente a control
“La sociedad de la transparencia está cerca
estructuralmente de la sociedad de la vigilancia. Donde las informaciones
pueden obtenerse con gran facilidad y rapidez, el sistema social de la
confianza pasa al control y a la transparencia. Cada clic que hago queda
almacenado. Cada paso que doy puede rastrearse hacia atrás. En todas partes
dejamos huellas digitales. Nuestra vida digital se reproduce exactamente en la
red. […] Lo que hace posible el control total no es el aislamiento espacial y
comunicativo, sino el enlace en red y la hipercomunicación. […] El internet de
las cosas consuma la sociedad del control. Nos observan cosas que nos rodean.
Ahora nos vigilan también las cosas que usamos en la vida cotidiana. […] Cada
uno es Gran Hermano y prisionero a la vez”.
![]() |
Nicholas Carr |
Nicholas Carr, Atrapados. Cómo las máquinas se apoderan de nuestras vidas.
Mediación
tecnológica e invasión de la vida y la intimidad
“Google ha acabado por considerar la cognición
humana como algo gastado e inexacto, un proceso biológico incómodo que es mejor
si lo realiza un ordenador. «Creo que dentro de alguno años la mayoría de las
búsquedas serán contestadas sin ni siquiera preguntar», afirma Ray Kurzweil, el
inventor y futurólogo que en 2012 fue nombrado director de ingeniería de
Google. La compañía «sabrá que esto es algo que vas a querer ver». El objetivo
último es automatizar totalmente el acto de buscar, eliminar la volición del
mapa.
“Redes sociales como Facebook parecen impelidas
por una aspiración similar. Mediante el «descubrimiento» estadístico de amigos
potenciales, la provisión de botones de «me gusta» y otras muestras
«cliqueables» de afecto, más la gestión automatizada de muchos de los aspectos
de las relaciones personales que consumen tiempo, quieren lubricar el proceso
caótico de establecer relaciones. El fundador de Facebook, Mark Zuckerberg,
celebra todo esto como un «compartir sin fricción» –la supresión del esfuerzo
consciente de la socialización–. Pero hay algo repugnante en la aplicación de
los ideales burocráticos de velocidad, productividad y estandarización a
nuestras relaciones con los demás. Los vínculos más significativos no se forjan
a través de transacciones en un mercado u otros intercambios rutinizados de
información. Las personas no son nodos en una retícula. Los vínculos requieren
confianza, cortesía y sacrificio, todos los cuales, al menos en la mente de un
tecnócrata, son fuentes de ineficiencia e inconveniencia. Eliminar la fricción
de los lazos sociales no los refuerza; los debilita. Los asemeja a los lazos
entre consumidores y productores: se forman fácilmente y se rompen con la misma
facilidad.
“Como padres entrometidos que nunca dejan a sus
hijos hacer nada por sí mismos, Google, Facebook y otros fabricantes de
software personal terminan por degradar
y disminuir cualidades de carácter que, al menos en el pasado, han sido
consideradas esenciales para una vida completa y vigorosa: ingenio, curiosidad,
independencia, perseverancia, atrevimiento”.
![]() |
Yuval Noah Harari |
Yuval Noah Harari Homo Deus. Breve historia del mañana.
El dataísmo como religión: el mandamiento
de conectarse y el pecado mortal de desconectarse.
“La gente quiere, sencillamente, formar parte
del flujo de datos, incluso si esto significa perder su privacidad, su
autonomía y su individualidad. […] Los humanos quieren fusionarse con el flujo
de datos porque cuando formas parte del flujo de datos, formas parte de algo
mucho mayor que tú. Las religiones tradicionales te decían que todas y cada una
de tus palabras y actos formaban parte de un gran plan cósmico, y que Dios te
observaba en todo momento y le importaban todos tus pensamientos y
sentimientos. La religión de los datos sostiene ahora que todas y cada una de
tus palabras y actos forman parte del gran flujo de datos, que los algoritmos
te observan constantemente y que les importa todo lo que haces y sientes. […] Para
los verdaderos creyentes, estar desconectado del flujo de datos supone
arriesgarse a perder el sentido mismo de la vida. ¿Qué sentido tiene hacer o experimentar algo si nadie se entera y si
no aporta algo al intercambio global de información?
“El humanismo creía que las experiencias
ocurren dentro de nosotros y que deberíamos buscar en nuestro interior el
sentido de todo lo que ocurre, para así infundir sentido al universo. Los
dataítas creen que las experiencias no tienen valor si no son compartidas y que
no necesitamos (en realidad, no podemos) encontrar el sentido en nuestro
interior. Únicamente necesitamos registrar y conectar nuestra experiencia al
gran flujo de datos, y los algoritmos descubrirán su sentido y nos dirán qué
hacer. Hace veinte años, los turistas japoneses eran objeto universal de risa
porque siempre llevaban cámaras y hacían fotografías de todo lo que veían.
Ahora es una práctica universal. Si vamos a la India y vemos un elefante, no lo
miramos y nos preguntamos «¿qué siento?»; estamos demasiado atareados buscando
nuestro teléfono inteligente, fotografiando al elefante, publicando la
fotografía en Facebook y después comprobando nuestra cuenta cada dos minutos
para ver cuántos «me gusta» nos han dado. […] La nueva consigna dice: «si
experimentas algo, regístralo. Si registras algo, súbelo. Si subes algo,
compártelo».”
"Hay que tener una visión de conjunto, de matices. No vamos a dejar de usar las tecnologías, eso es imposible. Lo que hay que decidir es qué parte de nuestra intimidad es irrenunciable. Tenemos que saber que nada es gratuito. Nuestros datos valen mucho más que los servicios que presuntamente nos regalan a cambio de ellos." Lo dice un militar experto en tecnologías y política. Aquí la entrevista completa: https://www.elmundo.es/papel/futuro/2019/03/14/5c89257021efa0ce1a8b45ec.html
ResponderBorrar