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Osamu Dazai o la vida trágica del ser no amado / Víctor H. Palacios Cruz

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  Nos malacostumbran a solo ver lo humano en una bella escultura griega, en las armoniosas proporciones del arte renacentista o en los manuales escolásticos de la antropología filosófica, y olvidamos que lo que somos únicamente aparece en toda su magnitud allí donde el sufrimiento, la derrota, la locura o la ambición desmesurada excavan nuestra figura hasta dejar a la vista el verdadero sustrato de un ser al mismo tiempo animal y metafísico. Osamu Dazai (1909-1948) fue un escritor japonés de una vida tan brutalmente triste lanzada hacia el abismo por esa fuerza invencible que solo puede venir de la mayor de las carencias, que no es ni el hambre ni el frío ni la pobreza ni la enfermedad, sino la falta del amor de los padres. Esa afirmación del afecto que nos implanta en el mundo y abre bajo los pies un suelo firme que ya nada removerá. Su novela autobiográfica Indigno de ser humano (1948) es quizá uno de los textos más necesarios y estremecedores. Un testimonio seco y crudo, si...

Navidad-nieve-soledad: el comienzo de mi pasión por Julio Ramón Ribeyro / Víctor H. Palacios Cruz

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  Luego de presentar una ponencia en un congreso dedicado a este escritor tan determinante en mi relación con la literatura, en lo que atañe tanto a los deleites del acto de leer como a las batallas del escribir, e inmerso en el proyecto de un libro sobre la dimensión filosófica de su obra, evoco ahora las noches lejanas, solitarias y gélidas en que sus cuentos me hicieron una compañía reconfortante y transformadora.   Viajé a la ciudad española de Pamplona, al pie de los Pirineos, en septiembre de 1997. Había recibido una beca de la universidad donde trabajaba como profesor para realizar un posgrado en filosofía en la Universidad de Navarra. Viajé preparado para mi primer invierno europeo. Crucé el Atlántico con las más ardientes ganas de ver ese mundo de donde venían las cosas que tanto amaba: los libros, las ideas, el arte. Aun cuando partía con señales de que era capaz de honrar mis deberes estudiantiles, tenía miedo de ser evaluado por una sociedad más avanzada en t...

J. J. Cale: el arte de bajar el volumen para aumentar el “sonido” / Víctor H. Palacios Cruz

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  Este guitarrista y compositor (1938-2013) estuvo –como la inmensa mayoría de los que lo intentan– a punto de abandonar su carrera a causa de la ruidosa indiferencia que habían recibido sus primeros discos. De pronto, un cover de su canción “After Midnight”, grabado por Eric Clapton (1970), admirador suyo, obró el cambio. Poco después se hablaba ya de Cale como de uno de los creadores del llamado “sonido Tulsa”, mezcla de blues , rockabilly , country y jazz. En cada uno de los que amamos su obra, esa mezcla de influencias forma un todo sobrio, sereno y vaporoso que deviene hipnótico. Imposible de silenciar por el resto de la vida.   Clapton versionó otra canción de Cale, “Cocaine”, dentro del álbum Slowhand de 1976, otro de cuyos tracks , la entrañable “Lay Down Sally”, comunica vivamente el espíritu de Cale, como si hubiera sido ejecutada bajo su inspiración. Phish, Jerry García y Santana sucumbieron por igual a otras composiciones de un hombre alejado, como su arte, ...

Perder un hijo, perder un padre. / Víctor H. Palacios Cruz

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  Perder a un hijo puede sumirnos en el abandono, la parálisis y hasta la locura. Cuántas personas cambiaron y cuántas creencias se derrumbaron tras la pérdida de un ser que, siendo otro, es tan nosotros al mismo tiempo. A la inversa, la pérdida del padre es también una carencia arrolladora y, a veces, lentamente arrolladora. En la ciudad donde vivo, el loco más ilustre, el loco Chete, cayó en el estado en que hasta ahora se encuentra luego de ver, impotente, a su padre perecer consumido por las llamas de un incendio. * Las imágenes de esta publicación pertenecen a la película La tumba de las luciérnagas de Isao Takahata (1988).  I La emoción de ver, desde mi taxi al partir, los rostros de mis hijos despidiéndome desde una ventana se compone de innumerables capas de misteriosa  alegría   por encima de las cuales se añade una de rara tristeza. Cuando regrese a casa por la tarde habrán jugado, comido, escuchado cuentos y vuelto a jugar; y no serán los mismos a l...