Benjamín y la filosofía como un “amar no saber” / Víctor H. Palacios Cruz
Pies de bebé. Pintura de Graciela P. Brizuela. El amor paterno no puede explicarse. Tampoco callarse. De nuevo descubro que una inabarcable invisibilidad da esplendor a la superficie de lo visible. Aquí un texto de hace unas semanas para celebrar el medio año del nacimiento de mi hijo. Seis meses de asombros que hacen amar la vida y el mundo donde todo esto sucede, y de crecimientos que sobre todo acontecen dentro de uno mismo. Te acaricio y no te toco. Miro en tus pequeños ojos vivos y sé que no te alcanzo. Sé que ríes con ciertas palabras que escuchas y con las cosquillas que te hago, que sonríes mirando a mamá y a papá y a otros que te miran y sonríen. Pero en realidad no sé qué ocurre dentro de ti cuando sonríes. ¿Y por qué tanta sonrisa, tierno Benjamín? ¿Qué clase de arte hizo tu cuerpo con todas las veces que mamá y yo bebimos cafés, charlamos de libros, contamos chistes o tristezas, escuchamos música y caminamos de la mano hasta más allá de donde llegamos cada vez...